Montevideo, 1992.
Multitasker inquieta y curiosa.
En la noche
que estallaba
te miraba
estupefacta
anonadada
por tu cara
iluminada por
la violenta marquesina
que anunciaba
una última oleada
esperada y tan
temida
por una yo dormida
anestesiada
que debía haber estado
tan despierta
tan alerta
tan prendida
pero nunca fui ni soy
lo que debo ser
cuando debo ser-
lo.
Para além da orelha existe um som, à extremidade do olhar um aspecto, às pontas dos dedos um objeto - é para lá que eu vou.
À ponta do lápis o traço.
Onde expira um pensamento está uma idéia, ao derradeiro hálito de alegria uma outra alegria, à ponta da espada a magia - é para lá que eu vou.
Na ponta dos pés o salto.
Parece a história de alguém que foi e não voltou - é para lá que eu vou.
Ou não vou? Vou, sim. E volto para ver como estão as coisas. Se continuam mágicas. Realidade? eu vos espero. E para lá que eu vou.
Na ponta da palavra está a palavra. Quero usar a palavra “tertúlia” e não sei aonde e quando. À beira da tertúlia está a família. À beira da família estou eu. À beira de eu estou mim. É para mim que eu vou. E de mim saio para ver. Ver o quê? ver o que existe. Depois de morta é para a realidade que vou. Por enquanto é sonho. Sonho fatídico. Mas depois - depois tudo é real. E a alma livre procura um canto para se acomodar. Mim é um eu que anuncio.
Não sei sobre o que estou falando. Estou falando de nada. Eu sou nada. Depois de morta engrandecerei e me espalharei, e alguém dirá com amor meu nome.
É para o meu pobre nome que vou.
E de lá volto para chamar o nome do ser amado e dos filhos. Eles me responderão. Enfim terei uma resposta. Que resposta? a do amor. Amor: eu vos amo tanto. Eu amo o amor. O amor é vermelho. O ciúme é verde. Meus olhos são verdes. Mas são verdes tão escuros que na fotografia saem negros. Meu segredo é ter os olhos verdes e ninguém saber.
À extremidade de mim estou eu. Eu, implorante, eu a que necessita, a que pede, a que chora, a que se lamenta. Mas a que canta. A que diz palavras. Palavras ao vento? que importa, os ventos as trazem de novo e eu as possuo.
Eu à beira do vento. O morro dos ventos uivantes me chama. Vou, bruxa que sou. E me transmuto.
Oh, cachorro, cadê tua alma? está à beira de teu corpo? Eu estou à beira de meu corpo. E feneço lentamente.
Que estou eu a dizer? Estou dizendo amor. E à beira do amor estamos nós.
Por Oscar Arias
O
Anatomía de una misma
Mis costillas prominentes cortan el aire blanco.
Surgen del agua oscura,
lentamente,
dos tetas pequeñas, sin edad,
pálidas
disimulando una complexión andrógina heredera de siglos.
Mi cintura es breve y así mi cadera,
enjuta
Mi culo es pequeño
redondo
y provocador si así lo deseo
con un leve gesto de ofrecimiento
Como quien desgarra de la ronca rama rosada
la fruta madura dispuesta a morderse.
Mis piernas, potentes.
Puedo correr si mi corazón no se opone.
Mis hombros se despliegan en 90 grados
Fríos
y en los brazos se dibuja una rayuela,
un ojo, una criatura.
concisos y que desembocan en muñecas diminutas, manos a la par.
Tengo una cabeza angular, redondeada. Ya la he visto.
Dos pómulos me dictan sombras caprichosas, dos ojeras me recuerdan
cómo vivo.
Una boca restringida,
Y la mirada
distorsionada bajo los cristales gastados, verdosos, torcidos.
La frente, transformada en lisa playa donde suavemente se dibujan las huellas, amplia- deja ver mi cabeza rapada, desplegada al mundo,
Atenta
vulnerable y dura,
opuesta y complementaria de mí mismx.
Brian Ojeda x Carmela Tzigana
Una vez más, Brian Ojeda + Carmela Tzigana.
Body hecho a mano por Brian.
La foto hecha en Estudios BO en octubre de 2017.
Hey, this post may contain adult content, so we’ve hidden it from public view.
Hey, this post may contain adult content, so we’ve hidden it from public view.
Lo que más me gusta de mi cuerpo es que está vivo
Efervescente como un nido de hormigas al sol
Furioso, de sangre que baja a borbotones, sin ninguna dirección
Arriba, abajo:
Un trozo de espacio en movimiento.
Me gusta de mi cuerpo que es hueco
Y a la vez abarrotado de sí
Caliente, vibrante, confuso, sonante
Un mecanismo eficaz, apetecible energía
Un junco enjuto en la corriente cambiante
Un yunque de hierro en la cabeza de un banquero europeo
Una fogata con olor a romero en la noche entibiada
Un gato escabulliéndose entre los leños frescos
Una explicación de aerodinámica y temperatura,
Un carril para los que van sin frenos.
Mi cuerpo es simple:
Una antesala al Cielo, al Infierno, y al precipicio, manjar salado de los mil demonios
Un molusco cosquilleante en las comisuras de un crucifijo,
en llamas,
boca abajo.
Es una cesta repleta de frutas a medio morder, un cuenco de carbón opaco
Una estrella rubicunda que titila en la noche del vagabundo: a su lado, un perro fiel.
Mi cuerpo corre, salta, se flexiona y estira y se torna irreconocible,
Se desordena el músculo y agarrota el hueso implacablemente vivo en un universo de poros y de sales.
Miro hacia adentro: los ojos, vueltos a la oscuridad impenetrable, parecen pelotas de ping pong recién paridas. No perciben nada, pero sé: en el silencio cavernoso palpita un amasijo de rayos y centellas, blanduzco, grisáceo, venerable y secreto. Mi cerebro, caramelo.